domingo, 24 de agosto de 2008

Iván Ferreiro


Cuando pude conocerte querías navegar en un velero con bandera negra. Cambiaste de velero a un barco más grande, por la magnitud de la situación, y lo quisiste llamar segunda parte. Después te convertiste en romántico. Hablabas de amor como si fuese lo único que existía en el mundo junto a tu música. Y lo rodeabas de playas desiertas, de lunas llenas y de guerras que nunca quiso ganar nadie. Lo rodeabas de tiempo y de distancia.
Luego se te antojó ser barroco y adornarlo todo. Todo. Adornar el paso del tiempo y los muebles de madera, ya destartalados, con palabras que decían mucho y nada a la vez. Adornabas para ocultar el significado de las cosas, empezando por la primera y más importante: la tristeza. Otras seis y media iban detrás de ella. Y no menos importantes.
Ahora se te da por mentir. Por mentir descaradamente y admitiéndolo en público. Eres muchos en uno solo y cada uno hace lo que cree conveniente. Mientes. Y aun así consigues que siga escuchándote.
Enhorabuena.






-Sabes que te engañé más de una vez
-¿Y qué?

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